LA CONSTITUCIÓN DEL CIELO

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Carolina Serrano/Consejería.

LA CONSTITUCIÓN DEL CIELO

Dichosos los pobres en espíritu , porque el reino de los cielos les pertenece.

Dichosos los que lloran porque serán consolados.

Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra por herencia.

Dichosos los que tienen sed y hambre de justicia, porque serán saciados.

Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.

Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.

Dichosos serán  ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo.

LA SAL Y LA  LUZ

  • Ustedes son la sal de la tierra.
  • Ustedes son la luz del mundo. No te puedes esconder. Tienes que alumbrar a todos los que te rodean. Hacer brillar  tu luz delante de todos., para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

  • Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otro a a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos.
  • El que practique los mandamientos y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.

EL HOMICIDIO

  • Todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal.
  • Cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo.
  • Cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.
  • Si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano, luego vuelve y presenta tu ofrenda.
  • Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él más pronto posible. Hazlo mientas vayan camino al juez, y el juez guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.

EL ADULTERIO

  • Yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.
  • Por lo tanto, más vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno.

EL INFIERNO

  • Yo les digo que , excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también.

LOS JURAMENTOS.

  • Yo les digo: No juren de ningún modo; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
  • Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro.
  • Cuando ustedes digan ¨sí¨, que sea realmente ; y cuando digan ¨no¨, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.

OJO POR OJO

  • Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.
  • Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa.
  • Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llevásela dos.
  • Al que te pida, dale.
  • Y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.

EL AMOR A LOS ENEMIGOS

Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen para que sean hijos del Padre que está en el cielo.

Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿Qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos?.

Y si saludan a sus hermanos solamente,’ ¿Qué de más hacen ustedes? ¿ acaso no hacen eso hasta los gentiles? Por lo tanto, sean perfectos así como su Padre celestial es perfecto.

EL DAR A LOS NECESITADOS

Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa.

Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido su recompensa.

Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

LA ORACIÓN

  • Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que han obtenido su recompensa.
  • Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto.
  • Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
  • No sean como ellos porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.
  • Ustedes deben orar así:
  • ¨Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sólo líbranos del maligno.
  • Porque si perdonan, a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes las suyas.

EL AYUNO

Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que éstos ya han obtenido toda su recompensa.

Pero tú cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino sólo ante los demás que estás ayunando, sino sólo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

TESOROS EN EL CIELO

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar.

Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar.

Porque donde está tu tesoro,  allí estará también tu corazón.

El ojo es la lámpara del cuerpo. Por lo tanto, si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz. Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en la oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!.

Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y matará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro.

 No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.

DE NADA SIRVE PREOCUPARSE

No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán.

¿Quién de ustedes por mucho, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?

Y por qué se preocupan por la ropa?

Así que no se preocupen diciendo: ¿Qué comeremos?, o ¿Qué beberemos? o ¿Con qué nos vestiremos? . Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre Celestial sabe que ustedes las necesitan.

Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

EL JUZGAR A LOS DEMÁS

No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.

¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?

¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ¨Déjame sacarte la astilla del ojo¨, cuando ahí tienes una viga en el tuyo?

Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.

No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen.

PIDAN, BUSQUEN , LLAMEN

Pidan, y se les dará

busquen, y encontrarán;

llamen, y se les abrirá.

Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.

¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra?

¿O si le pide un pescado, le da una serpiente?

Pues si ustedes, aún siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡Cuánto más su Padre que está n el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!

Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes.

LA PUERTA ESTRECHA Y LA PUERTA ANCHA

Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción y muchos entran por ella.

Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.

EL ÁRBOL Y SUS FRUTOS.

Cuídense de los falsos profetas

Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.

Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos?

Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo.

Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán.

No todo el que me dice ¨Señor, Señor¨, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Muchos me dirán en aquel día: ¨Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y  en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces les diré claramente: ¨Jamás los conocí ¡Aléjense d mí, hacedores de maldad!.

EL PRUDENTE Y EL SENSATO.

Por tanto, todo el que m oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.

Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.

Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena.

Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron  aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.

Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, las multitudes se asombraron de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tenía autoridad, y no como los maestros de la ley.

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