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  Muchas mujeres comienzan su proceso espiritual sintiéndose perdidas, inseguras o   desconectadas de su propósito

 Algunas pueden estar atravesando dificultades emocionales, familiares o  espirituales, y otras simplemente están buscando más en su relación con Dios y en su   vida.

 Las mujeres cristianas comienzan a experimentar una sensación de esperanza   mientras exploran los principios fundamentales de la fe en Jesús. 

 Empiezan a reconocer que pueden encontrar respuesta en la Palabra de Dios, y que   su identidad no depende de las circunstancias externas, sino de Su amor y propósito.

 La sanidad interior es un proceso que puede ser doloroso. 

 Las participantes  enfrentan sus heridas emocionales, sus traumas pasados y sus   bloqueos. 

 Puede haber momentos de vulnerabilidad y lágrimas, pero este es un paso crucial   para dejar atrás lo que las ha limitado hasta ahora.

 Las mujeres comienzan a ver su potencial y a comprender que están llamadas a    liderar, tanto en su hogar como en su iglesia y comunidad. 

 La inseguridad se convierte en confianza a medida que adquieren sabiduría divina   para tomar decisiones sabias y guiar a otros con amor, justicia y humildad.

Después de haber pasado por el proceso de sanidad,restauración y liderazgo, las participantes experimentan un profundo sentimiento de gratitud y gozo al ver cómo Dios las ha transformado.

 Empiezan a vivir con propósito, aplicando todo lo aprendido para ser mujeres que   reflejan el amor y la sabiduría de Dios.

 Al final de este proceso, las mujeres sienten un compromiso renovado no solo con   su propio crecimiento, sino con el de su familia, su comunidad y las futuras   generaciones.

 Son mujeres de influencia que ahora pueden inspirar y guiar a otros con amor y   sabiduría.

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